lunes, 6 de mayo de 2013

Salmo 52


52:1 Del maestro de coro. Poema de David.

52:2 Cuando el edomita Doeg vino a avisar a Saúl,
diciéndole: "David ha entrado en casa de Ajimélec". 

52:3 ¿Por qué te jactas de tu malicia,
hombre prepotente y sin piedad? 

52:4 Estás todo el día tramando maldades,
tu lengua es como navaja afilada,
y no haces más que engañar. 

52:5 Prefieres el mal al bien,
la mentira a la verdad; 

52:6 amas las palabras hirientes,
¡lengua mentirosa! 

52:7 Por eso Dios te derribará,
te destruirá para siempre,
te arrojará de tu carpa,
te arrancará de la tierra de los vivientes. 

52:8 Al ver esto, los justos sentirán temor
y se reirán de él, diciendo: 

52:9 "Este es el hombre
que no puso su refugio en Dios,
sino que confió en sus muchas riquezas
y se envalentonó por su maldad". 

52:10 Yo, en cambio, como un olivo frondoso
en la Casa de Dios,
he puesto para siempre mi confianza
en la misericordia del Señor. 

52:11 Te daré gracias eternamente
por lo que has hecho,
y proclamaré la bondad de tu Nombre
delante de tus fieles.

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