miércoles, 15 de mayo de 2013

Salmo 128


128:1 Canto de peregrinación. 

¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos! 

128:2 Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien. 

128:3 Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa. 

128:4 ¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor! 

128:5 ¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:
que contemples la paz de Jerusalén 

128:6 y veas a los hijos de tus hijos!
¡Paz a Israel!

Salmo 127

127:1 Canto de peregrinación. De Salomón. 

Si el Señor no edifica la casa,
en vano trabajan los albañiles;
si el Señor no custodia la ciudad,
en vano vigila el centinela. 


127:2 Es inútil que ustedes madruguen;
es inútil que velen hasta muy tarde
y se desvivan por ganar el pan:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen! 


127:3 Los hijos son un regalo del Señor,
el fruto del vientre es una recompensa; 


127:4 como flechas en la mano de un guerrero
son los hijos de la juventud. 


127:5 ¡Feliz el hombre
que llena con ellos su aljaba!
No será humillado al discutir con sus enemigos
en la puerta de la ciudad.

Salmo 126


126:1 Canto de peregrinación. 

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos: 

126:2 nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones.
Hasta los mismos paganos decían:
"¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!"

126:3 ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría! 

126:4 ¡Cambia, Señor, nuestra suerte
como los torrentes del Négueb! 

126:5 Los que siembran entre lágrimas
cosecharán entre canciones. 

126:6 El sembrador va llorando
cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando
cuando trae las gavillas.

Salmo 125


125:1 Canto de peregrinación. 

Los que confían en el Señor
son como el monte Sión,
que permanece inconmovible para siempre. 

125:2 Jerusalén está rodeada de montañas:
así rodea el Señor a su pueblo,
desde ahora y para siempre. 

125:3 No permanecerá el cetro de los malvados
sobre la herencia de los justos;
no sea que también los justos
inclinen sus manos a la maldad.

125:4 Colma de bienes, Señor, a los buenos
y a los rectos de corazón. 

125:5 ¡Que el Señor haga ir con los malvados
a los que se desvían por caminos tortuosos!
¡Paz a Israel!

Salmo 124


124:1 Canto de peregrinación. De David. 

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
—que lo diga Israel—

124:2 si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando los hombres se alzaron contra nosotros, 

124:3 nos habrían devorado vivos.
Cuando ardió su furor contra nosotros, 

124:4 las aguas nos habrían inundado,
un torrente nos habría sumergido, 

124:5 nos habrían sumergido las aguas turbulentas. 

124:6 ¡Bendito sea el Señor, que no nos entregó
como presa de sus dientes! 

124:7 Nuestra vida se salvó como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y nosotros escapamos. 

124:8 Nuestra ayuda está en el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

Salmo 123


123:1 Canto de peregrinación. 

Levanto mis ojos hacia ti,
que habitas en el cielo.

123:2 Como los ojos de los servidores
están fijos en las manos de su señor,
y los ojos de la servidora
en las manos de su dueña:
así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios,
hasta que se apiade de nosotros. 

123:3 ¡Ten piedad, Señor,
ten piedad de nosotros,
porque estamos hartos de desprecios! 

123:4 Nuestra alma está saturada
de la burla de los arrogantes,
del desprecio de los orgullosos.

Salmo 122

122:1 Canto de peregrinación. De David. 

¡Qué alegría cuando me dijeron:
"Vamos a la Casa del Señor"! 


122:2 Nuestros pies ya están pisando
tus umbrales, Jerusalén. 


122:3 Jerusalén, que fuiste construida
como ciudad bien compacta y armoniosa. 


122:4 Allí suben las tribus,
las tribus del Señor
—según es norma en Israel—
para celebrar el nombre del Señor. 


122:5 Porque allí está el trono de la justicia,
el trono de la casa de David. 


122:6 Auguren la paz a Jerusalén:
"¡Vivan seguros los que te aman! 


122:7 ¡Haya paz en tus muros
y seguridad en tus palacios!". 


122:8 Por amor a mis hermanos y amigos,
diré: "La paz esté contigo". 


122:9 Por amor a la Casa del Señor, nuestro Dios,
buscaré tu felicidad.